Las clases altas están educando sus hijos para que sean extranjeros

Un duro y descarnado análisis de la formación que están recibiendo los niños y los jóvenes en sus hogares, en medio de familias ausentes y donde los valores de la convivencia y el diálogo han sido reemplazados por la soledad y el abandono, el exceso de satisfacción de sus necesidades materiales y la pluralidad de mensajes desoladores que pintan un mundo sin futuro, hizo el sacerdote Juan Jaime Escobar Valencia, de la comunidad de los Escolapios, en la segunda entrega de este diálogo con EL DIARIO. El padre Escobar es filósofo y teólogo, especializado en consejería personal de jóvenes y en educación de familia, fue docente y vice-rector del colegio Calasanz de Pereira y actualmente es gestor corporativo de los diez colegios Calasazn en Colombia, Ecuador y Perú.

¿Cómo describe el momento actual que viven los jóvenes?

Hoy estamos viviendo un tipo de mundo y de realidad muy complejos, porque estamos en una etapa de la historia de la humanidad, en la que ésta no está teniendo suficiente claridad de su sentido, de su misión y de su propósito. Se los planteó con una imagen muy sencilla: si nos devolvemos 60 años en la historia la persona promedio creía que su vida era un regalo que le había dado Dios, que era creado para cumplir una misión, por sencilla que fuera, que tenía que cumplir bien para ganarse un porvenir glorioso, en palabras sencillas: para llegar al cielo. Al final del siglo XX y principios del  XXI nos volvimos cultos, entonces quitamos la experiencia de Dios: no venimos de ninguna parte y ni de un acto creador y como no vamos para ninguna parte, no está previsto que lleguemos a alcanzar la gloria.

¿Cómo viven eso los jóvenes?

A la altura de los 12 a 14 años, cuando se está formando la idea de quiénes somos sino tenemos claro que procedemos de algo valioso, milagroso, bello, digno, bueno y verdadero, tendemos a pensar que somos un error, una equivocación, que no deberíamos haber nacido. Que con todos los defectos que tenemos, con las cosas que nos pasaron, con la familia que se rompió, con las realidades en que muchas veces parece que le estorbamos a los padres y que somos una complicación para los compañeros, que no cumplimos el nivel que ellos tienen, que no tenemos el cuerpo y la belleza de otros, ni la capacidad de interactuar de otras personas, no somos exitosos o populares, entonces ¿qué justifica mi vida? Y la vida empieza a volverse una carga, en vez de ser una bendición, se convierte en una realidad pesada y el muchacho o la muchacha se empieza a hacer preguntas como: ¿porqué tengo que vivir? ¿porqué tengo que ser yo? ¿porqué tengo que estudiar? ¿porqué me tengo que esforzar? ¿porqué tengo que aprender cosas que no quiero aprender? ¿porqué tengo que ser bueno? ¿porqué tengo que sufrir, porqué tengo que soportar el sufrimiento?

¿Los mensajes a que están expuestos los jóvenes empeoran esa visión?

El niño promedio de la década de los 50 o los 60 podía plantearse que terminaba el bachillerato, iba a la universidad, iba a montar una empresa, se iba a casar y a tener hijos y a ser feliz. Ahora, hagan el cálculo de cuántas series de televisión y películas dirigidas a adolescentes plantean un futuro distópico, con la tierra destruída, con los jóvenes metidos en un terrible laberinto del que no pueden salir. Hasta en Harry Potter hay unos niños que tienen que luchar solos contra la maldad, arriesgando sus vidas. De hecho el que muere para después resucitar es un niño, no un adulto. Son jóvenes abandonados que les dicen que el futuro va a ser peor, que no vamos a tener agua, que se van a acabar los recursos naturales. ¿Con qué ganas queda un niño para construir el planeta?

¿Y se les está educando para afrontar esa realidad?

Piensen nada más en las clases altas de la ciudad que están educando a sus niños para que sean extranjeros, los mandan a un colegio que habla otro idioma para se capaciten para ir a estudiar a otro país, para que sean profesionales de otro país. Y entonces ¿quién va a generar empleo? ¿Vamos a seguir con los índices de desempleo que tenemos en la zona cafetera? ¿Quién se va a quedar para creer en el café? ¿Cuántos de los niños que ven familias destruidas tienen como ideal crear una familia? ¿Cuántos de las personas que han sufrido en cuanto niños, quieren traer niños al mundo si los van a poner a sufrir? Así que si no tenemos claro que procedemos de una raiz bondadosa y que nuestra vida es un acierto y sino tenemos claro que tenemos propósito y que estamos acá para algo grande, entonces este momento -a los 13, 14, 15 o 16 años- es insoportable.

¿Hay una malsana sobreprotección de los padres a sus hijos?

Lo que ha hecho la gente, para que no les duela la vida a los jóvenes, es facilitarles las cosas, defenderlos de todo, de los profesores, de las autoridades, de las obligaciones, de las normas. Los llenan de bienes materiales, pueden jugar Play Station todo lo que quieran, estar metidos en el teléfono celular o en la tableta, sin calcular que todas esas realidades, incluido el pasar horas y horas viendo televisión, terminan deprimiendolo 

A esto se agregan unas familias en crisis…

Los niños contemplan, en vivo y en directo, en horario triple A, cómo se desbaratan las familias. Ante éstas tenían sus crisis en privado, a los niños los protegían de eso. Ahora no, ahora todo se habla delante de ellos. La mamá o el papá le plantea al hijo o a la hija que no quiere vivir, que se quiere ir del país, que está aburrido con la vida. Y ¿cómo puede un pobre pelaíto de 14 o 15 años llevar adelante la vida de sus padres, sostener a sus padres, salvar a sus padres?. Yo tengo estudiantes que viven más preocupados por sus papás, de lo que viven los papás preocupados por ellos. Así que cuando entran los jóvenes en estados depresivos, no necesariamente clínicos, pero sí de no verle valor ni porvenir a la vida, ésta se vuelve insoportable y una pequeña falla, una novia o un novio que les dice que no, una materia que se perdió, un inconveniente en la casa, pueden hacer insoporable la vida y llevarlos a que se cuelguen de una cuerda, se corten las venas o se tiren del viaducto.

¿Los niños de antes eran menos vulnerables a todo esto?

Si algo es importante en la vida, es que nosotros tenemos tolerancia a la frustración. Pero hoy tenemos una generación con bajísima tolerancia a la frustración y cada vez los estamos preparando para que menos la soporten. A los jóvenes de hoy, prácticamente, no se les puede pedir nada, y además los padres están muertos de miedo de que de pronto se vayan a suicidar.

¿A esto se suma un cambio en la vida sexual de los jóvenes?

A partir de la década de los 60 vino un cambio de paradigma en la manera de comprender la realidad sexual, genital y todo lo relacionado. Anterior a eso, y yo no digo que eso fuera mejor, había toda una serie de criterios que planteaban que la sexualidad era algo que debía tener unos estándares de lo que se consideraba correcto e incorrecto, lo adecuado y lo depravado, lo que estaba bien visto y lo que se veía como perverso. El placer hasta épocas recientes era visto como algo no del todo aceptable y casi que era preferible la mortificación, había que cuidarse de los places de la carne, de la comida, de la bebida. 

¿Qué pasó desde ese entonces?

El placer que antes había que moderar y limitar, ahora dicen que tenemos derecho a tener placer por todo los orificios del cuerpo. Antes la revista porno se veía a escondidas, ahora el porno campea en todo, y a la gente la parece la cosa más normal del mundo. Los adulto empezamos a vivir una época en que nos liberamos de los tabúes, de las limitaciones, de los pesos y contrapesos morales, de lo considerado decente o indecente, y les empezamos a enseñar eso a los niños. 

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